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Aviven en sus hijos el deseo de educarse, lo cual constituye la clave para el éxito en la vida. Al mismo tiempo, enséñenles lo que el presidente David O. McKay acostumbraba recordarnos: "Ningún éxito puede compensar el fracaso en el hogar."

Hace algunos años, el Presidente Benson dio un mensaje a las mujeres de la Iglesia. El les animo a dejar sus empleos y dar de su tiempo individualmente a sus hijos. Yo sostengo la posición que el tomó.

Sin embargo, reconozco, así como el lo reconoció que hay ciertas mujeres que tiene que trabajar para proveer para las necesidades de sus familias. A ustedes, hermanas, hagan lo mejor que puedan. Espero que si son trabajadoras de tiempo completo, lo hagan para obtener las necesidades básicas y no por el hecho de sentir una casa lujosa, bonito carro y otros lujos. El mayor trabajo que cualquier madre hará será el de cuidar, enseñar, edificar, animar y educar a sus hijos en la rectitud y verdad. Ninguna otra cosa puede adecuadamente  tomar su lugar.

Presidente Gordon B. Hinckley. Reporte de Conferencia Nov 1996


 Mensaje pronunciado en la Reunión General de la Sociedad de Socorro Septiembre 2003 En este mensaje hablo a:

Agradeció a las madres por todo lo que que hacen.
En el mensaje se dirigió a:

  • la mujeres jóvenes que todavía estudian o que trabajan
  • la madres solas
  • quienes lamentablemente, no se casarán en esta vida
  • las madres jóvenes que tienen niños pequeños
  • las mujeres que no son ni jóvenes ni ancianas
  • las madres solas, cuyas cargas son tan pesadas porque han sido abandonadas
    o han enviudado.

Muchas de ustedes son madres, lo cual es suficiente para ocupar todo su tiempo.
Ustedes son compañeras, las mejores amigas que sus maridos tienen o que tendrán.
Son amas de casa. Eso no parece ser mucho, ¿verdad? Pero ¡qué trabajo es mantener una casa limpia y ordenada!

Son las que hacen las compras. Nunca me imaginé, hasta que llegué a ser adulto, lo difícil que es la responsabilidad de tener lo suficiente para alimentar a la familia, de mantener la ropa limpia y presentable, y de comprar todo lo necesario para que funcione el hogar.

Son enfermeras; son las primeras en enterarse de toda enfermedad que aparece y las primeras en prestar ayuda. En casos de enfermedades graves, permanecen al lado del enfermo día y noche, brindando consuelo, ánimo, ministrando y orando.

Además, son el chofer de la familia; llevan a sus hijos a repartir periódicos, los llevan a eventos deportivos, a las actividades del barrio y los llevan de un lado a otro mientras ellos continúan con sus vidas ocupadas.

Y podría seguir. Todos mis hijos ya son mayores; algunos de ellos tienen más de sesenta años, y cuando llaman por teléfono y yo contesto, preguntan: "¿Cómo estás?", pero antes de que pueda responder, preguntan: "¿Está mamá por ahí?".

Ella ha sido la fortaleza durante toda la vida de ellos. Desde que fueron bebés, han acudido a ella, y ella siempre ha respondido con afecto, guía y enseñanza, bendiciendo sus vidas en todo aspecto…

… Ahora bien, mis queridas hermanas, así pasa con ustedes. Ustedes hacen lo mejor que pueden, lo cual redunda en algo bueno para ustedes y los demás. No se mortifiquen con un sentimiento de fracaso; arrodíllense y rueguen que el Señor las bendiga; en seguida, levántense y hagan lo que se les pida, y luego dejen el asunto en manos del Señor y descubrirán que habrán logrado algo que vale más que nada.

Ahora bien, estoy dirigiendo la palabra a un grupo muy diverso, el cual incluye a mujeres jóvenes que todavía estudian o que trabajan, son solteras y esperan conseguir al hombre perfecto. Yo todavía no he visto a ninguno que lo sea. Pónganse metas altas, pero no tan altas que no las puedan alcanzar. Lo que en verdad importa es que él las ame, las respete, las honre y les sea absolutamente fiel, que les dé la libertad para expresarse y les permita desarrollar sus propios talentos. Él no va a ser perfecto, pero si es bondadoso y considerado, si sabe trabajar y ganarse la vida, si es honrado y lleno de fe, la posibilidad es que no se equivoquen y que sean inmensamente felices.

Algunas de ustedes, lamentablemente, no se casarán en esta vida. Así sucede a veces. Si eso ocurre, no vivan lamentándose; el mundo todavía necesita sus talentos, necesita su contribución. La Iglesia necesita su fe, necesita sus manos fuertes que brinden ayuda. La vida nunca es un fracaso en tanto no la llamemos así. Hay tantas personas que necesitan su ayuda, su amorosa sonrisa, su tierna bondad. Veo a tantas mujeres capaces, atractivas y maravillosas a quienes el romance ha dejado de lado. No lo entiendo, pero sé que, en el plan del Todopoderoso, el eterno plan que llamamos el plan de felicidad de Dios, habrá oportunidad y recompensa para todos los que las busquen.

A ustedes, las madres jóvenes que tienen niños pequeños, su desafío es enorme. Muy a menudo no hay suficiente dinero; deben ser moderadas en gastar y ahorrar, deben ser prudentes y cuidadosas con sus gastos; deben ser fuertes, decididas y valientes y seguir adelante con gozo en la mirada y amor en el corazón. Cuán bendecidas son, mis queridas y jóvenes madres. Sus hijos serán suyos para siempre. Espero que hayan sido selladas en la casa del Señor y que su familia sea una familia eterna en el reino de nuestro Padre.

Ruego que reciban fortaleza para llevar su pesada carga, para cumplir con toda obligación, para caminar al lado de un hombre bueno, fiel y bondadoso y que juntos críen, nutran y eduquen a sus hijos en rectitud y verdad. Ninguna otra cosa que posean, ninguna cosa que adquieran en el mundo valdrá más que el amor de sus hijos. Que Dios las bendiga, mis queridísimas jóvenes madres.

También las tenemos a ustedes, las mujeres que no son ni jóvenes ni ancianas. Ustedes se encuentran en la mejor etapa de sus vidas; sus hijos son adolescentes; tal vez uno o dos se hayan casado; algunos están en la misión y ustedes se sacrifican para mantenerlos en el campo misional. Ustedes anhelan su éxito y su felicidad, y oran por ello. A ustedes, queridas mujeres, les ofrezco un consejo especial.

Cuenten sus bendiciones, una por una. No necesitan una mansión con una agobiante e interminable hipoteca. Lo que sí necesitan es un hogar cómodo y placentero donde haya amor. Alguien ha dicho que no hay escena más hermosa que la de una buena mujer que prepara los alimentos para sus seres queridos. Sopesen con cuidado lo que hagan; ustedes no necesitan algunas de las extravagancias que el trabajo fuera de casa les pueda brindar; sopesen con cuidado la importancia de estar en casa cuando sus hijos lleguen de la escuela.

Madres, cuiden bien a sus hijas; estén cerca de ellas; préstenles atención; hablen con ellas; guíenlas para que no hagan cosas insensatas; guíenlas para que hagan lo correcto. Asegúrense de que vistan de manera atractiva y modesta; protéjanlas de la terrible maldad que las rodea.

Críen a sus hijos con amor y consejo; enséñenles la importancia del aseo personal, del vestir correctamente. El vestir de forma desaliñada lleva a vidas desaliñadas. Inculquen en ellos un sentido de disciplina; manténganlos dignos de servir a la Iglesia como misioneros. Denles cosas para hacer a fin de que aprendan a trabajar; enséñenles a ser ahorrativos. El trabajo y el ser moderados en gastar llevan a la prosperidad. Enséñenles que nada bueno ocurre después de las 11 de la noche; no los malcríen. Si se van de misión, tal vez se vean obligados a vivir en circunstancias que ustedes no desearían para ellos. No se preocupen por ellos; anímenlos.

Aviven en sus hijos el deseo de educarse, lo cual constituye la clave para el éxito en la vida. Al mismo tiempo, enséñenles lo que el presidente David O. McKay acostumbraba recordarnos: "Ningún éxito puede compensar el fracaso en el hogar

Y ahora me dirijo a ustedes, las madres solas, cuyas cargas son tan pesadas porque han sido abandonadas o han enviudado. Su carga es terrible; llévenla bien. Busquen las bendiciones del Señor; sean agradecidas de cualquier ayuda que provenga de los quórumes del sacerdocio para ayudarles en su hogar o en otros asuntos. Oren en silencio en sus aposentos y dejen que las lágrimas fluyan si tienen que hacerlo. Tengan una sonrisa en el rostro cada vez que estén delante de sus hijos y de los demás.